
El frenazo de la economía china afecta a uno de los principales motores del crecimiento del PIB español: las exportaciones a América Latina y a otros países emergentes, aunque con un efecto limitado de apenas unas décimas.
Parte de la repercusión del debilitamiento de China será indirecto ya que España no exporta grandes volúmenes de mercancía directamente a dicho país pero muchos de sus socios comerciales sí lo hacen. Esto también puede producir una desaceleración de las ventas de dichos socios que pueden pasar factura al sector exterior español.
Al perder ingresos, China reducirá la compra de bonos en todo el mundo, incluyendo en España, aunque esta inversión no representa una cuota representativa que nos genere riesgos.
Este efecto negativo quedará prácticamente compensado por el efecto positivo del abaratamiento del petróleo y las materias primas que para la economía española suponen un impacto considerable, del que disfrutan familias y empresas, pequeñas o grandes (transportistas, industrias).
Los expertos creen que Europa no es el Continente más afectado sino que este frenazo afectará primero a las economías emergentes, después a Estados Unidos y a sus principales socios y en tercer lugar a Europa.