El potencial del aceite de oliva español en Rusia

En el mes de agosto del 2014, Rusia prohibió durante un año la importación de la mayoría de productos alimenticios, agrícolas y ganaderos procedentes de la Unión Europea, Estados Unidos, Australia, Canadá y Noruega, en respuesta a las sanciones contra Moscú adoptadas por estos países.
Como consecuencia, el rublo se desplomó y la economía rusa comenzó a mostrar graves grietas. Sin embargo, hoy el rublo se encuentra entre las monedas de mejor comportamiento, con una cotización superior al 20% frente al dólar y 35% frente al euro, en los últimos tres meses.
Afortunadamente, el aceite de oliva escapó del veto y puede entrar en la Federación sin problema alguno, lo que constituye una ventaja para el sector ya que se trata de un país estratégico para los intereses de España en el mercado oleícola. De hecho Rusia, junto con China e India, son los mercados con más potencial de compra de aceite de oliva en la próxima década.
Líderes en 2014
España ocupa una posición de liderazgo en la producción, exportación y distribución del aceite de oliva. Concretamente en Rusia, su participación en 2014 fue del 52,3% en volumen, según las estadísticas de UN Comtrade. Los italianos, rivales permanentes de nuestros aceites, no lograron superar el 25% en volumen de importaciones en ese mismo año, apenas un 2% más en comparación con el año anterior.
Por su parte, los productores griegos han sido incapaces de mejorar su posición a pesar de su trayectoria comercial en el mercado ruso. Sin embargo, el porcentaje de los aceites griegos en este país, durante el 2014, apenas ascendió al 14% del total importado.
Otros proveedores importantes de aceite de oliva en Rusia son, hoy por hoy, Turquía, Túnez, Portugal, Chile y Líbano. La cifra conjunta de sus productos en este mercado, en términos de volúmenes, no sobrepasa el 7,6% del total en este mismo período.
Las formas de promoción
Una sonada reducción de precios sería la manera más simple y eficaz de promoción en Rusia. Que el aceite de oliva deje de ser un producto exclusivo de la élite y que su consumo se convierta en habitual en restaurantes y cocinas particulares funcionaría a pesar del importante reajuste que esto significaría, ya que la repercusión del transporte interno sigue siendo un factor de peso en el precio final de venta.
Siguiendo el mismo argumento de popularizar el producto, sustituir el envase de vidrio por uno de plástico abarataría a la vez imagen y precio, facilitando la accesibilidad del aceite de oliva al consumidor. Es decir, esto ayudaría a que su presencia fuera común en las estanterías de supermercados y grandes superficies dejándose de percibir como un alimento exótico.
El carácter de los rusos es más visceral que racional, con lo que las buenas relaciones con los distintos canales podrían cerrarle el paso a otras marcas con intención de penetrar en este mercado. Además, a los proveedores extranjeros les resulta difícil desarrollar sus propias campañas publicitarias, por lo que sería mejor dejarlas en manos de los pequeños distribuidores regionales.
Beneficioso, tanto para su salud como para la promoción del ‘oro líquido’ español, va a ser educar al consumidor ruso sobre las ventajas de adoptar la dieta mediterránea entre sus hábitos alimenticios, empezando por las prescripciones de médicos, deportistas y chefs de renombre.
Recetas, artículos, degustaciones, ferias gastronómicas profesionales y populares, carteles, infografías explicativas o programas de cocina. Todo vale con tal de aprovechar la oportunidad de éxito que el aceite de oliva español sin duda tiene ahora mismo en este gran país.
